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Equilibrio Hormonal · Menopausia

Sequedad vaginal y cistitis de repetición en la menopausia: el síndrome genitourinario que nadie te explica

Por Elena Vives · · 13 min de lectura

Es el síntoma del que menos se habla y uno de los que más pesa. Las relaciones empiezan a doler. Notas un picor o un ardor que va y viene. Es tu tercera cistitis este año, y cada vez que terminas un antibiótico te preguntas cuándo llegará la siguiente. Lo comentas una vez, te dicen que «es normal a tu edad» y dejas de mencionarlo. Pero hay algo que conviene saber: a diferencia de los sofocos, que acaban remitiendo, este problema tiende a empeorar si no se trata. Y es, a la vez, uno de los síntomas de la menopausia con tratamientos más eficaces.

Respuesta rápida

El síndrome genitourinario de la menopausia agrupa la sequedad vaginal, el ardor y el picor, el dolor en las relaciones y los síntomas urinarios, incluidas las cistitis de repetición. Se debe a que, sin estrógeno, los tejidos de la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga se vuelven más finos y secos, el pH vaginal sube y desaparecen los lactobacilos que protegen frente a las bacterias. Afecta a una gran parte de las mujeres tras la menopausia, no mejora solo con el tiempo y, aun así, en una gran encuesta la mitad de las afectadas no había usado nunca un tratamiento. Los hidratantes y lubricantes vaginales son el primer paso; el estrógeno vaginal a dosis bajas es el tratamiento más eficaz, se absorbe muy poco y reduce las cistitis de repetición. El láser vaginal no ha demostrado superar a un tratamiento simulado.

Qué es el síndrome genitourinario (y por qué ya no se llama «atrofia»)

Durante décadas se habló de «atrofia vaginal» o «vaginitis atrófica». En 2014, dos de las principales sociedades científicas de salud femenina propusieron un nombre nuevo: síndrome genitourinario de la menopausia. El cambio no era cosmético. «Atrofia» sonaba a algo inevitable y vergonzoso, y además se quedaba corto, porque los cambios no afectan solo a la vagina: también a la vulva, la uretra y la vejiga. El nuevo nombre los reúne y, sobre todo, los convierte en lo que son: un síndrome médico con tratamiento.

SequedadMenos lubricación, también fuera de las relaciones
Ardor y picorMolestias en la vulva y la entrada de la vagina
Dolor en las relacionesEscozor, roce o dolor en la penetración (dispareunia)
Pequeños sangradosManchado tras las relaciones por la fragilidad del tejido
VejigaMás urgencia, más frecuencia, escozor al orinar
InfeccionesCistitis que se repiten

Por qué ocurre: lo que hacía el estrógeno ahí abajo

La vulva, la vagina, la uretra y el trígono de la vejiga son de los tejidos del cuerpo con más receptores de estrógeno. Mientras hay estrógeno, la mucosa vaginal es gruesa, elástica, bien irrigada y húmeda. Sus células acumulan glucógeno, que los lactobacilos —las bacterias «buenas» de la vagina— convierten en ácido láctico. Ese ácido mantiene un pH bajo que actúa como un escudo frente a las bacterias que causan infecciones.

Cuando el estrógeno cae, todo eso cambia a la vez: la mucosa se adelgaza y se vuelve frágil, llega menos sangre, baja la lubricación, desaparece el glucógeno, los lactobacilos se retiran y el pH sube. Con el escudo bajado, las bacterias intestinales, como E. coli, colonizan con más facilidad la entrada de la vagina y la uretra. Y la uretra, más fina y menos elástica, también protege peor.

Por eso la sequedad vaginal y las cistitis de repetición no son dos problemas distintos que coinciden por casualidad. Son dos caras del mismo cambio.

El síntoma que empeora con el tiempo… y casi nadie trata

Según la revisión de 2020 de la Sociedad Norteamericana de Menopausia, este síndrome afecta a una gran parte de las mujeres tras la menopausia, con cifras que según el estudio van del 27 al 84 %. Y tiene una diferencia clave con los sofocos: tiende a progresar si no se trata. Los sofocos suelen remitir con los años; la sequedad y sus consecuencias, no.

Aun así, es probablemente el síntoma más infratratado de la menopausia. En una encuesta estadounidense a casi 1.900 mujeres con síntomas genitourinarios, la mitad no había usado nunca ningún tratamiento. Las razones son conocidas: vergüenza, la idea de que «es lo que toca», no saber que tiene solución y consultas en las que nadie pregunta. Si tú tampoco lo has comentado nunca, no eres la excepción, eres la norma.

Cistitis de repetición: cuando la causa está en la vagina

Se habla de infecciones urinarias de repetición cuando hay dos o más en seis meses, o tres o más en un año. Tras la menopausia, la falta de estrógeno es uno de los factores que más pesa, y por eso tratar solo cada infección con antibiótico, sin tocar la causa, suele llevar a la siguiente.

Lo que dice la evidencia sobre las opciones más habituales:

OpciónQué dice la evidencia
Estrógeno vaginalEn mujeres posmenopáusicas con infecciones de repetición, redujo las recurrencias en los ensayos disponibles (revisión Cochrane). El estrógeno en pastillas, en cambio, no las redujo. Las guías europeas, británicas y estadounidenses recomiendan valorarlo
Productos de arándano rojoEn mujeres con infecciones de repetición, probablemente reducen el riesgo de una nueva infección en torno a un 26 % (revisión Cochrane de 2023)
D-manosaEn el mayor ensayo hasta la fecha, con casi 600 mujeres, no redujo las infecciones frente a placebo (51 % frente a 56 %). Sus autores concluyen que no debería recomendarse para prevenirlas
Vacuna sublingual MV140Desarrollada en España. En un ensayo aleatorizado, el 56-58 % de las mujeres tratadas pasó nueve meses sin infecciones, frente al 25 % con placebo. Es prometedora, aunque el estudio fue pequeño
Antibiótico preventivoEficaz mientras se toma, pero con riesgo de resistencias. Suele reservarse para cuando lo demás no basta

Beber suficiente agua y no aguantar las ganas de orinar son medidas razonables, aunque su respaldo científico es más modesto. Y si las infecciones se repiten, la pregunta clave para tu médico es: «¿podría ser parte del síndrome genitourinario, y deberíamos tratar también la causa?».

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Tratamientos, de menos a más

1. Hidratantes y lubricantes vaginales

Son el primer paso y no llevan hormonas. Son dos productos distintos: el hidratante se aplica de forma regular, dos o tres veces por semana, y mejora la humedad del tejido de forma sostenida; el lubricante se usa en el momento de la relación para reducir el roce. Elige productos sin perfumes ni sustancias irritantes, a base de agua o de silicona. Para síntomas leves pueden bastar.

2. Estrógeno vaginal a dosis bajas

Es el tratamiento más eficaz para la sequedad, el dolor en las relaciones y los síntomas urinarios. Se presenta en cremas, geles, óvulos, comprimidos vaginales o un anillo. Lo importante es la dosis: con las dosis bajas, la absorción hacia la sangre es mínima y los niveles de estradiol se mantienen en el rango propio de la posmenopausia, por lo que en mujeres sin riesgo especial no hace falta añadir progesterona.

Un aviso que asusta sin motivo: el prospecto de estos productos suele incluir las advertencias de la terapia hormonal que se toma por boca o en parche. Según la Sociedad Norteamericana de Menopausia, es muy poco probable que esos riesgos se apliquen a las dosis vaginales bajas, precisamente porque apenas pasan a la sangre. Si te frena, pregúntalo en consulta antes de descartarlo.

3. Otras opciones con receta

La prasterona es un óvulo vaginal de DHEA, una sustancia que las células de la vagina transforman localmente en estrógenos y andrógenos. El ospemifeno es una pastilla que actúa como el estrógeno en el tejido vaginal sin serlo, indicada en mujeres que no son candidatas a un tratamiento vaginal local. Ambas son alternativas para casos concretos.

4. Fisioterapia de suelo pélvico

Muy útil cuando hay dolor en las relaciones, tensión muscular o escapes de orina. Un buen fisioterapeuta especializado trabaja tanto la fuerza como, a menudo más importante, la capacidad de relajar.

5. ¿Y el láser vaginal?

Se ofrece en muchas clínicas privadas como una solución sin hormonas. Pero en el ensayo más riguroso hasta la fecha, publicado en JAMA en 2021, el láser de CO₂ no mejoró los síntomas frente a un tratamiento simulado a los 12 meses. La Sociedad Norteamericana de Menopausia considera que no hay datos suficientes para recomendarlo de forma rutinaria. Antes de pagar un tratamiento caro, conviene saberlo.

Si has tenido cáncer de mama

Es una de las situaciones en las que más se sufre este síndrome, sobre todo con los inhibidores de la aromatasa, que bajan el estrógeno casi a cero. Lo primero son los hidratantes, los lubricantes y la fisioterapia. Si no bastan, el uso de estrógeno vaginal se decide con tu oncólogo: no hay datos suficientes para garantizar su seguridad en todos los casos, pero dada su mínima absorción, muchos oncólogos lo permiten cuando los síntomas persisten. El ospemifeno no se recomienda si hay o se sospecha un cáncer de mama.

El componente que nadie menciona: la tensión del suelo pélvico

Cuando las relaciones duelen unas cuantas veces, el cuerpo aprende. Antes de la siguiente, la anticipación activa el sistema de alarma y los músculos del suelo pélvico se contraen para proteger. Un suelo pélvico tenso reduce aún más la lubricación y aumenta el roce, y el dolor confirma el miedo. Es un círculo de protección muy parecido al del dolor crónico, y explica por qué a veces, aunque la sequedad mejore con el tratamiento, el dolor tarda más en irse.

El diafragma y el suelo pélvico se mueven juntos: cuando inhalas, ambos descienden; cuando exhalas, ambos suben. Por eso la respiración es una de las vías más directas para enseñar a esa zona a soltarse.

1 Ponte cómoda

Túmbate boca arriba con las rodillas dobladas y los pies apoyados, o con un cojín bajo las rodillas. Una mano sobre el abdomen.

2 Inhala hacia abajo

Respira por la nariz dejando que el abdomen se eleve y, al mismo tiempo, imagina que la zona entre el pubis y el coxis se ensancha y desciende suavemente, como una flor que se abre.

3 Exhala sin empujar

Suelta el aire despacio por la boca, sin apretar ni empujar, y deja que la zona vuelva sola a su sitio.

4 Suelta los puntos de tensión asociados

Comprueba la mandíbula, los glúteos y la parte interna de los muslos. A menudo se tensan a la vez que el suelo pélvico.

5 Cinco minutos al día

Hazlo a diario, no solo antes de una relación. Y en la intimidad, una regla: si duele, se para. Forzar a través del dolor refuerza el círculo de protección.

Si quieres profundizar en esta forma de respirar, tienes la base en respiración diafragmática, y la relación entre el miedo y la tensión de la pelvis en el psoas y el miedo.

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Cuándo consultar

Merece la pena pedir cita en cuanto los síntomas te molesten: no hace falta esperar a que sean graves, y cuanto antes se trata, mejor responde el tejido. Consulta sin demora si tienes cualquier sangrado vaginal después de un año sin regla, sangrado tras las relaciones que se repite, sangre en la orina, fiebre o dolor en la zona lumbar junto a una infección de orina (puede ser una infección de riñón), o un picor intenso con zonas de piel blanquecina, heridas o cambios en la vulva, que pueden corresponder a otras enfermedades, como el liquen escleroso, que hay que diagnosticar.

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional de la salud. Los tratamientos con receta mencionados requieren valoración y seguimiento médico. Si has tenido un cáncer de mama u otro cáncer sensible a hormonas, consulta cualquier tratamiento con tu oncólogo.

Fuentes y referencias

Preguntas frecuentes

¿Qué es el síndrome genitourinario de la menopausia?

Es el nombre médico, propuesto en 2014, para el conjunto de cambios en la vulva, la vagina, la uretra y la vejiga causados por la falta de estrógeno: sequedad, ardor, picor, dolor en las relaciones, urgencia para orinar e infecciones urinarias de repetición. Sustituye a la expresión «atrofia vaginal».

¿La sequedad vaginal de la menopausia se cura sola?

No suele hacerlo. A diferencia de los sofocos, que tienden a remitir con los años, el síndrome genitourinario suele progresar si no se trata. La buena noticia es que responde muy bien al tratamiento, desde hidratantes y lubricantes hasta el estrógeno vaginal a dosis bajas.

¿Por qué tengo cistitis de repetición desde la menopausia?

Porque sin estrógeno la mucosa vaginal y la uretra se vuelven más finas, el pH vaginal sube y desaparecen los lactobacilos que protegen frente a las bacterias, lo que facilita que las bacterias intestinales lleguen a la vejiga. En mujeres posmenopáusicas con infecciones de repetición, el estrógeno vaginal ha demostrado reducir las recurrencias.

¿El estrógeno vaginal es peligroso?

A dosis bajas, la absorción hacia la sangre es mínima y los niveles de estradiol se mantienen en el rango de la posmenopausia, por lo que en mujeres sin riesgo especial no hace falta añadir progesterona. Si has tenido un cáncer de mama, la decisión se toma con tu oncólogo.

¿Funciona el láser vaginal para la sequedad?

En el ensayo más riguroso hasta la fecha, publicado en JAMA en 2021, el láser de CO2 no mejoró los síntomas frente a un tratamiento simulado a los 12 meses, y la Sociedad Norteamericana de Menopausia considera que no hay datos suficientes para recomendarlo de forma rutinaria.

Elena Vives, autora de salud somática

Sobre la autora

Elena Vives

Elena Vives es autora de la Colección Somática, una serie de guías prácticas sobre salud somática publicadas en Amazon España. Tras un colapso de salud que la medicina convencional no lograba resolver, investigó durante años la neurobiología del trauma, la teoría polivagal y las prácticas de regulación del sistema nervioso. Hoy traduce esa ciencia en herramientas accesibles para mujeres modernas. Más sobre Elena →