Hay un tipo de tensión que no aparece en ninguna resonancia: músculos que llevan tanto tiempo contraídos que tu cerebro ha dejado de registrarlos como tensos. El neurofisiólogo Thomas Hanna lo llamó amnesia sensoriomotora (SMA), y es una de las piezas que faltan cuando el dolor crónico no encaja del todo con el modelo puramente neuroplástico. Aquí tienes qué es, cómo se instala sin que lo notes y la técnica concreta —la pandiculación— para revertirla.
Respuesta rápida
La amnesia sensoriomotora es la pérdida de la capacidad de sentir y relajar voluntariamente ciertos músculos, después de mantenerlos en contracción crónica como respuesta al estrés, una postura sostenida o un trauma. El cerebro "se olvida" del ajuste, no solo el músculo se queda tenso. La técnica para revertirla, la pandiculación, no es estirar: es contraer de forma consciente y soltar despacio, con control activo, para reeducar la señal desde el propio sistema nervioso.
Qué es la amnesia sensoriomotora
El término amnesia sensoriomotora (también descrita en la literatura como amnesia sensorial-motora) fue acuñado por Thomas Hanna, discípulo del pionero de la reeducación corporal Moshe Feldenkrais, en su libro Somatics: Reawakening the Mind's Control of Movement, Flexibility, and Health (Da Capo Press, 1988). La idea central es esta: cuando un músculo se mantiene contraído durante mucho tiempo —por estrés sostenido, por una mala postura repetida, o como reacción defensiva ante un susto o un trauma—, el sistema nervioso central puede llegar a "olvidar" cómo enviar la señal para relajarlo del todo. La contracción deja de sentirse como una elección y pasa a sentirse, simplemente, como la forma normal del cuerpo.
No es un problema del músculo en sí, sino de la comunicación entre el cerebro y el músculo. Por eso estirar o dar masaje puede aliviar la sensación un rato, pero el patrón vuelve: el cerebro sigue mandando la misma orden de contracción de fondo. Para cambiarlo de verdad hace falta reeducar esa señal, no solo trabajar el tejido.
Cómo se desarrolla: los tres reflejos
Hanna describió tres patrones reflejos que, cuando se cronifican, dan lugar a los tres tipos más comunes de amnesia sensoriomotora:
Reflejo de luz roja (flexión defensiva). Es la respuesta instintiva de encogerse hacia delante ante el miedo o la amenaza —la misma postura que adoptas de forma automática si algo te asusta—. Cuando el estrés es crónico, los músculos flexores del frente del cuerpo (abdomen, pecho, cadera) quedan atrapados en esa contracción, incluso cuando la amenaza original ya pasó hace tiempo.
Reflejo de luz verde (esfuerzo y tensión de "hacia delante"). Es el patrón contrario: la activación de los músculos extensores de la espalda cuando estamos en modo "hacer, lograr, avanzar" de forma sostenida —el arqueo lumbar y la tensión entre los omóplatos típicos de quien vive permanentemente en modo esfuerzo—. Cuando ese estado no se desactiva nunca, esos músculos también quedan atrapados en contracción.
Reflejo de trauma (guardia asimétrica). Aparece tras una lesión física, una cirugía, o un dolor agudo real: el cuerpo aprende a proteger esa zona compensando con otros músculos, casi siempre de forma asimétrica. El problema es que ese patrón de protección a menudo sobrevive mucho después de que el tejido original haya sanado.
Por qué no lo notas: la habituación
Si la amnesia sensoriomotora implica músculos tensos de verdad, ¿por qué no la sientes como tensión? La respuesta es un proceso llamado habituación: cuando una señal sensorial se mantiene constante durante mucho tiempo, el cerebro deja de destacarla en la conciencia para poder prestar atención a lo que cambia. Es el mismo mecanismo por el que dejas de notar la ropa sobre la piel a los pocos minutos de vestirte. Aplicado a la tensión muscular crónica, el resultado es que la contracción se convierte en tu "cero" interno: no la sientes como tensión, la sientes simplemente como tu cuerpo.
Esto explica una experiencia muy común: alguien te toca la zona y te dice "estás muy contracturada aquí", y tú, honestamente, no lo habías notado. No es negación ni falta de atención a tu cuerpo: es que el propio mecanismo de habituación ha borrado esa tensión de tu mapa consciente, exactamente igual que borra la sensación de la ropa.
En qué se diferencia del dolor neuroplástico puro
Si ya conoces el concepto de dolor neuroplástico —el dolor real generado por un cerebro que interpreta como peligrosa una señal que ya no lo es, sin daño tisular de fondo— es fácil preguntarse si la amnesia sensoriomotora es solo otro nombre para lo mismo. No lo es del todo, y la diferencia importa para saber qué herramienta usar.
En el dolor neuroplástico puro, el problema está sobre todo en la interpretación de la señal en el sistema nervioso central: no hace falta que haya una contracción muscular medible de fondo. En la amnesia sensoriomotora, en cambio, sí existe una contracción muscular real y sostenida —se puede, de hecho, medir con electromiografía—, que el cerebro ha dejado de percibir como voluntaria. En la práctica, ambos fenómenos se solapan constantemente: la tensión muscular crónica de la amnesia sensoriomotora puede convertirse en una fuente más de señales que alimentan la sensibilización central, y trabajar solo con reprocesamiento del dolor sin abordar la tensión de base deja fuera la mitad del cuadro.
Por eso, en muchos casos, la combinación más efectiva es trabajar ambos frentes: reeducar la interpretación del dolor con herramientas como el Somatic Tracking, y reeducar directamente el patrón muscular con pandiculación.
Señales de que puedes tener amnesia sensoriomotora
Ninguna de estas señales, por sí sola, confirma el diagnóstico, pero si varias te resultan familiares, merece la pena explorar el trabajo somático:
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Cómo revertirla: la pandiculación
La herramienta que propuso Hanna para revertir la amnesia sensoriomotora no es el estiramiento pasivo, sino la pandiculación: el mismo movimiento instintivo que hacen de forma espontánea los animales —y nosotros mismos, al despertarnos— al bostezar y estirarnos a la vez. La diferencia clave frente a un estiramiento normal es que la pandiculación empieza con una contracción voluntaria, no con un alargamiento pasivo, porque es esa contracción consciente la que le devuelve al cerebro el control activo sobre el músculo.
1 Contrae voluntariamente el músculo tenso
Lleva la zona que ya notas tensa un poco más hacia la contracción, de forma lenta y deliberada. Puede parecer contraintuitivo —¿tensar más algo que ya está tenso?—, pero es precisamente ese acto de tomar el control consciente lo que empieza a revertir el patrón automático.
2 Suelta muy lentamente, con control total
Libera la contracción en cámara lenta, frenando el movimiento en todo momento, nunca dejando caer el músculo de golpe. Ese frenado lento y consciente es el ingrediente activo: es lo que le enseña de nuevo al cerebro cómo modular la tensión, paso a paso, en lugar de en un interruptor de todo o nada.
3 Estira suavemente un poco más allá del punto de partida
Al llegar al final del recorrido de la liberación, alarga la zona un poco más allá de donde empezaste el ejercicio, sin forzar ni rebotar. Este último tramo es el que recupera rango de movimiento real, no solo alivio momentáneo.
4 Repite 3-5 veces, cambiando de dirección si aplica
Repite la secuencia completa varias veces seguidas. Si el músculo o la articulación lo permiten, varía ligeramente el ángulo o la dirección del movimiento en cada repetición: cada variante le da al cerebro más información con la que actualizar el mapa de esa zona.
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Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye el consejo de un profesional de la salud. La tensión muscular crónica y el dolor persistente requieren evaluación médica para identificar o descartar causas estructurales tratables antes de iniciar cualquier trabajo somático.
Fuentes y referencias
- Hanna T. Somatics: Reawakening the Mind's Control of Movement, Flexibility, and Health. Da Capo Press, 1988.
- Ashar YK, Gordon A, Schubiner H, et al. «Effect of Pain Reprocessing Therapy vs Placebo and Usual Care for Patients With Chronic Back Pain». JAMA Psychiatry. 2022;79(1):13-23. PMID 34586357
- Woolf CJ. «Central sensitization: Implications for the diagnosis and treatment of pain». Pain. 2011;152(3 Suppl):S2-15. PMID 20961685